REDACCIÓN.-Con más de una hora de retraso sobre el horario previsto, Shakira subió al escenario levantado frente al hotel Copacabana Palace. Sobre la playa, drones dibujaron en el cielo la frase "Te amo, Brasil" en portugués. Abajo, dos millones de personas esperaban.
El alcalde de Río, Eduardo Cavaliere, lo confirmó en su cuenta de X esa misma noche: "La loba hizo historia en Río". La cifra iguala las convocatorias de los dos años anteriores en ese mismo escenario, Madonna en 2024 y Lady Gaga en 2025, y consolida Copacabana como el punto de referencia mundial para los grandes espectáculos de masas al aire libre.
El concierto forma parte de la gira mundial 'Las mujeres ya no lloran', que toma el nombre de su álbum de 2024. Shakira repasó sus canciones más reconocibles, desde 'Hips Don’t Lie' hasta 'La Tortura', pasando por 'La Bicicleta', y cerró con la sesión de Bizarrap que marcó su ruptura con el futbolista Gerard Piqué.
También hubo hueco para los invitados: actuó junto a la brasileña Anitta y compartió escenario con figuras del músicales de Brasil como Caetano Veloso y Maria Bethânia y para recordar que un técnico murió durante el montaje.
La artista colombiana tiene con Brasil una relación que se remonta a los años noventa. Ella misma lo recordó frente al público: "Llegué aquí con 18 años, soñando con cantar para vosotros. Y mirad esto. La vida es mágica".
Felipe Maia, etnomusicólogo que investiga música popular y tecnologías digitales en la Universidad Paris Nanterre, apunta que ese vínculo tiene raíces culturales concretas. "Viene en parte de que Colombia y Brasil comparten muchas similitudes culturales", señala, y considera que el concierto del sábado "corona una relación que lleva muchos años construyéndose".




