SANTO DOMINGO.- El calendario internacional incluye fechas insólitas que, lejos de la anécdota, revelan tensiones sociales profundas. El Día Internacional de Besar a un Pelirrojo es una de ellas.
La conmemoración, que se realiza cada 12 de enero, se instaló como un gesto simbólico para revertir años de burlas y estigmatización hacia las personas de cabello rojo. Con el paso del tiempo, la efeméride se transformó en una expresión de reconocimiento, humor y aceptación, especialmente difundida en redes sociales.
Aunque no cuenta con respaldo institucional ni origen oficial, la fecha logró consolidarse como un espacio de reflexión ligera sobre la discriminación, la identidad y la necesidad de resignificar aquello que durante décadas fue motivo de exclusión.
El nacimiento del Día Internacional de Besar a un Pelirrojo se vincula a un episodio de la cultura televisiva que tuvo amplia repercusión global. A finales de la década de 2000, una sátira animada instaló el concepto del “Día de Patear a un Pelirrojo”, una idea ficticia que rápidamente trascendió la pantalla y fue adoptada por algunos jóvenes como excusa para el acoso escolar. El fenómeno generó rechazo inmediato y encendió alarmas sobre la normalización de la burla hacia un grupo históricamente señalado por su apariencia física.
En respuesta, usuarios de internet y comunidades digitales impulsaron una fecha alternativa, con un mensaje opuesto: reemplazar la agresión por un gesto de afecto. Así se fijó el 12 de enero como una jornada simbólica para visibilizar el problema y promover el respeto. La propuesta no surgió de organismos oficiales ni de campañas estructuradas, sino de la reacción espontánea frente a una práctica discriminatoria que había encontrado eco en redes sociales y espacios escolares.
Con el tiempo, la conmemoración se difundió en distintos países, adoptando un tono lúdico sin perder su trasfondo reivindicativo. La elección del beso como símbolo apuntó a resignificar la diferencia desde el afecto, alejándose de la confrontación directa y apostando por un mensaje accesible, especialmente entre públicos jóvenes.
Las personas pelirrojas representan un porcentaje reducido de la población mundial, una condición genética poco frecuente que durante siglos estuvo rodeada de prejuicios. En distintas culturas, el cabello rojo fue asociado a supersticiones, rasgos negativos o personajes marginales, una carga simbólica que derivó en estereotipos persistentes. Esa construcción social convirtió a muchos niños y adolescentes en blanco de bromas reiteradas, exclusión y acoso.
El Día Internacional de Besar a un Pelirrojo se inserta en ese contexto como una acción simbólica de reparación. Sin pretender borrar el pasado, la fecha busca visibilizar que la diferencia física no debe ser motivo de violencia ni ridiculización. En redes sociales, la jornada se expresa mediante mensajes de apoyo, fotografías y consignas que celebran la singularidad del cabello rojo como un rasgo identitario valioso.
La conmemoración también abrió espacio para conversaciones más amplias sobre el bullying, la discriminación estética y los límites del humor. Especialistas en convivencia escolar han señalado que este tipo de fechas, aunque informales, pueden funcionar como disparadores para abordar temas sensibles desde un lenguaje cercano. En ese sentido, el gesto simbólico del beso opera como una herramienta de resignificación cultural más que como una invitación literal.




