NAIROBI.– Los últimos 150 policías kenianos de la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS) abandonaron Haití, completando así el retiro total del contingente y dando paso a una nueva estructura internacional enfocada en el combate de las pandillas.
La salida de los agentes se produjo tras una visita oficial de autoridades de Kenia al aeropuerto internacional de Puerto Príncipe, desde donde partieron rumbo a su país, cerrando formalmente la participación keniana en la misión.
Con la retirada de la MSS, se abre paso a la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF), una iniciativa respaldada por la ONU que será liderada por Chad, con un despliegue previsto de 1,500 soldados, de los cuales ya hay cientos en territorio haitiano.
Las autoridades kenianas calificaron la misión como “histórica”, destacando el compromiso y la disciplina de sus agentes durante su permanencia en Haití, en medio de uno de los escenarios de seguridad más complejos de la región.
A pesar del esfuerzo internacional, la MSS no logró recuperar territorios dominados por grupos armados. Actualmente, las bandas controlan cerca del 90 % del área metropolitana de Puerto Príncipe, lo que evidencia la magnitud del desafío.
La operación también enfrentó limitaciones en recursos, financiamiento y personal, lo que redujo su capacidad operativa frente al poder de las estructuras criminales.
Violencia y desplazamiento en aumento
El impacto de la crisis sigue siendo alarmante. Más de 1.3 millones de personas han sido desplazadas internamente, mientras que miles han perdido la vida en enfrentamientos entre pandillas y fuerzas de seguridad.
Solo entre marzo de 2025 y enero de este año, se reportaron más de 5,500 muertes, reflejando el deterioro continuo de la seguridad en el país.
La salida de los policías kenianos marca el fin de una misión que, aunque significativa en intención, deja interrogantes sobre la efectividad de los esfuerzos internacionales y el futuro inmediato de Haití.
Ahora, todas las miradas están puestas en la nueva fuerza internacional y su capacidad para enfrentar una crisis que sigue escalando, con un control territorial cada vez más amplio por parte de las pandillas.




