SANTO DOMINGO.-El ministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, Rafael Santos Badía, afirmó que la República Dominicana necesita emprender una transformación profunda del sistema educativo, orientada a preparar a la población “para la vida” y a formar el capital humano requerido para duplicar el tamaño de la economía hacia el año 2036.
Aclaró que esta iniciativa no responde a un interés gubernamental coyuntural ni meramente curricular, sino a una visión de Estado que debe construirse mediante consulta, diálogo y concertación nacional.
Santos Badía explicó que sus declaraciones se produjeron en un contexto donde algunos desconocían las conversaciones previas que él había sostenido con el presidente de la República. Indicó que cuando se refirió a la necesidad de revisar la estructura institucional del sector, lo hizo en defensa de una transformación que libere a los estudiantes del “calvario” de una educación del siglo XIX aplicada en plena modernidad.
Derecho comparado y aclaración sobre el proyecto de fusión
El funcionario recordó que, en América Latina, 19 países cuentan con un solo ministerio de Educación, y que únicamente Venezuela, Nicaragua y Cuba manejan la educación superior de manera separada. Países como México, España, Francia, Brasil, Chile y Uruguay también disponen de estructuras unificadas.
En el caso español —agregó—, aun con regímenes autonómicos, existe un ministerio central que define la política educativa.
Asimismo, aclaró que el proyecto de fusión entre Educación y Educación Superior fue malinterpretado, pues algunos pensaron que se pretendía financiar la educación superior con el 4 % del PIB asignado a Educación, “lo cual nunca estuvo planteado”.
Una visión del sistema educativo desde el CAIPI hasta el doctorado
Santos Badía destacó que en el país está establecido que un niño, a los 45 días de nacido, puede ingresar a un CAIPI, por lo que la ruta educativa inicia desde esa etapa temprana y se extiende hasta el nivel técnico superior, grado o doctorado.
Por esa razón, dijo, es imprescindible construir un sistema articulado, coherente y con salidas terminales, que permita reconocer los niveles alcanzados incluso a quienes no hayan completado un ciclo.
Modernización curricular y desafíos tecnológicos
Recordó que mientras el mundo debatía la tercera revolución científica —vinculada al auge de la información y la tecnología digital— Asia aprovechó la coyuntura para transformar sus sistemas educativos y sus economías.
“En contraste, nosotros nos quedamos de espaldas al avance tecnológico”, afirmó, al citar que China comenzó a hablar de inteligencia artificial desde el año 2012 y hoy es una de las potencias más avanzadas del mundo en ese ámbito.
En ese contexto, planteó que la reforma debe comenzar por recuperar aprendizajes esenciales como dictado, redacción, lectura comprensiva, caligrafía, ortografía y una sólida formación en Lengua Española.
Hacia una escuela para los próximos 40 años
El ministro explicó que actualmente el país trabaja en la preparación de un proyecto de transformación objetiva, orientado a diseñar la escuela de las próximas cuatro décadas, tomando en cuenta que múltiples empleos dejarán de existir debido al impacto de la ciencia y la tecnología.
Criticó la estructura rígida del modelo actual, donde “todo debe durar diez meses”, pese a que los niños aprenden a distintas velocidades. En ese sentido, cuestionó la efectividad de que los estudiantes tomen siete materias por semana, cuando existen métodos andragógicos más eficientes que permiten enfocarse en una materia mensual.
Una visión histórica del sistema
Santos Badía recordó que, antes de la creación del Ministerio de Educación Superior, este nivel no dependía de la educación básica, sino del fuero universitario de la UASD. El crecimiento del sector hizo necesaria la creación de un órgano rector dedicado exclusivamente a la educación superior.
Finalmente, reiteró que la meta es construir un sistema educativo único, coherente y dirigido hacia un mismo propósito, desde el CAIPI hasta el doctorado, que permita desarrollar el talento humano que requiere la República Dominicana para competir en un mundo marcado por la inteligencia artificial, la robótica y la aceleración científica.




