Santo Domingo. – El psicólogo, ensayista y conferencista Miguel Andrés Reyes Raposo planteó una firme postura a favor de la castración química como medida preventiva frente al abuso sexual infantil, argumentando que se trata de una decisión ética, psicológica y social orientada a la protección de los más vulnerables, y no de un acto de venganza.
Reyes Raposo, autor de cuatro ensayos psicoteológicos y reconocido evangelista, sostuvo que el abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes no puede ser tratado como un delito común, debido al daño profundo, permanente y multidimensional que ocasiona en las víctimas, cuyas secuelas emocionales y psicológicas pueden acompañarlas durante toda su vida.
“Estamos ante una agresión que destruye la infancia y condiciona la adultez. Frente a ese daño irreversible, la sociedad no puede conformarse con respuestas simbólicas ni con una fe ingenua en la rehabilitación total del agresor”, afirmó.
Desde el punto de vista psicológico, el especialista explicó que una proporción significativa de agresores sexuales de menores presenta patrones compulsivos, distorsiones cognitivas profundas y fijaciones patológicas, que no siempre responden de manera efectiva a las terapias convencionales.
“La psiquiatría puede ayudar a controlar impulsos, pero no puede garantizar la erradicación del deseo pedófilo en todos los casos. Ignorar esta realidad es exponer a nuevos niños al riesgo”, advirtió.
Reyes Raposo aclaró que la castración química, entendida como un tratamiento médico regulado y supervisado por el Estado, no busca infligir dolor ni humillación, sino reducir de forma efectiva el impulso sexual que conduce al delito, convirtiéndose en una herramienta preventiva orientada a evitar la reincidencia.
En el plano ético, cuestionó que el debate público se concentre con frecuencia en los derechos del agresor, relegando el derecho fundamental de los niños a crecer libres de violencia, miedo y trauma.
“La ética social debe priorizar al inocente sobre el culpable, al vulnerable sobre el peligroso. La dignidad humana no puede convertirse en un escudo que legitime la reincidencia”, expresó.
El psicólogo subrayó que esta medida no debe aplicarse de manera arbitraria, sino tras un debido proceso judicial, con evaluaciones médicas rigurosas y como complemento de la condena penal, especialmente en casos de alto riesgo de reincidencia.
Finalmente, Reyes Raposo afirmó que proteger a la niñez no es extremismo, sino un acto de humanidad y responsabilidad colectiva.
“Una sociedad verdaderamente ética no es la que se apiada del agresor mientras abandona a la víctima, sino la que toma decisiones difíciles para que ningún niño más tenga que pagar el precio de nuestra ingenuidad”, concluyó.




