SANTO DOMINGO.- Cada 6 de enero, millones de personas en el mundo celebran el Día de Reyes, una fecha profundamente arraigada en la tradición cristiana y cultural de muchos países, incluida la República Dominicana. Pero ¿qué hay realmente de histórico en esta celebración? ¿Cuánto proviene de los textos originales y cuánto ha sido moldeado por el paso del tiempo, la cultura y el comercio?
El Día de Reyes conmemora la Epifanía, es decir, la manifestación de Jesús como Mesías ante los pueblos no judíos. Su base se encuentra en el Evangelio según Mateo, que relata la visita de unos “magos de Oriente” guiados por una estrella hasta Belén, donde ofrecieron oro, incienso y mirra al niño Jesús.
Y aquí surge la primera imprecisión histórica: La Biblia no dice cuántos eran, no los llama reyes, ni menciona sus nombres.
La cifra de tres surge siglos después, asociada al número de regalos. Los nombres Melchor, Gaspar y Baltasar aparecen por primera vez en textos europeos de la Edad Media, cuando la Iglesia buscaba hacer el relato más pedagógico y simbólico.
La transformación de “magos” en “reyes” responde a una interpretación teológica posterior. Se apoyó en pasajes del Antiguo Testamento que hablaban de reyes que rendirían tributo al Mesías. Con el tiempo, esta lectura se impuso y dio forma a la iconografía que hoy conocemos.
Además, cada rey comenzó a representar: un continente (Europa, Asia y África), diversidad racial y cultural y la idea de que el mensaje cristiano trascendía fronteras.
No fue un invento caprichoso, sino una adaptación simbólica a una Iglesia que se expandía por el mundo.
Durante siglos, el Día de Reyes fue una fiesta estrictamente religiosa. Sin embargo, a partir del siglo XIX —especialmente en España y luego en América Latina la fecha empezó a asociarse con regalos para los niños, como una forma de emular los dones ofrecidos al niño Jesús.
En República Dominicana, esta tradición se consolidó como una de las fechas más esperadas por la niñez, incluso compitiendo durante décadas con la Navidad. Zapatos al pie de la cama, hierba para los camellos y cartas a los Reyes formaron parte del imaginario colectivo.
Con el avance del siglo XX y la influencia cultural de Estados Unidos, la figura de Santa Claus desplazó parcialmente a los Reyes Magos. El comercio también jugó su papel: adelantar las compras a diciembre resultaba más rentable que esperar enero.
Hoy, el Día de Reyes sobrevive de forma desigual: en algunos hogares como tradición viva, en otros como simple recuerdo y en muchos casos reducido a una fecha simbólica sin el peso cultural de ant
Lo religioso cedió espacio a lo comercial; lo colectivo, a lo individual.
Entonces ¿Qué queda de real hoy? Queda el mensaje original: humildad, búsqueda, reconocimiento del otro y entrega sin ostentación.
Lo demás los nombres, las coronas, los camellos, los regalos son capas culturales que cada generación ha añadido.
Eso no invalida la tradición, pero sí nos invita a repensarla ¿celebramos por costumbre o por significado? ¿recordamos la historia o solo el ritual?
El Día de Reyes no es una mentira, pero tampoco es exactamente como nos lo contaron. Es una mezcla de fe, historia, pedagogía y cultura popular, adaptada a cada época. Entender su origen no le resta magia; al contrario, le devuelve profundidad.
Porque las tradiciones no mueren cuando cambian, mueren cuando se repiten sin memoria.




