SANTO DOMINGO.-Carolina Mejía hizo un recuento por escrito de su más reciente viaje a Japón, del cual reflexionó sobre el orden como una política pública y la sobriedad estatal como señal de respeto por la institución y por el ciudadano, un ejemplo del que considera que República Dominicana puede aprender.
“Japón no es perfecto, ningún país lo es. Pero demuestra algo fundamental: el orden no es un lujo, es una política pública. Y la sobriedad no es pose; es una señal de respeto por la institución, por el ciudadano y por el futuro”, resaltó en su artículo.
La líder política dominicana entiende que, si RD quiere parecerse más a países que funcionan mejor, hay que hacerlo imitándolos en aspectos que cuestan, tales como disciplina, cumplimiento, sobriedad y continuidad. Esto, aduce, implica reformas educacionales, la creación de un Estado más ágil, mayor transparencia y un régimen de consecuencia consistente.
“Si aspiramos a una República Dominicana más segura, más limpia, más competitiva y más justa, tenemos que atrevernos a construir una nueva cultura nacional: una cultura donde lo público se cuida, donde la ley se cumple, donde el mérito cuenta y donde la autoridad no se exhibe, se ejerce. Esa cultura no nace de un decreto. Nace de ejemplo, educación, consecuencias y constancia”, sostuvo.
La alcaldesa del Distrito Nacional hizo hincapié en que estos cambios también implican una especie de pacto cultural en el que prime el respeto a la historia y a las tradiciones, respeto a la familia como primera escuela de ciudadanía, respeto a los adultos mayores como referente de valores, y respeto a la ley como mínimo común para convivir.
Tras ser invitada por el Gobierno japonés, Carolina Mejía giró por varias ciudades de esa nación para fortalecer los lazos con la República Dominicana y abrir espacios de cooperación que se traduzcan en oportunidades reales para nuestra gente. En ese sentido, resaltó visitas y conversaciones sobre empleo calificado, tecnología, sostenibilidad y modernización institucional.
“Japón no te “cuenta” el orden; te lo pone delante”, subrayó, al admirar cómo el país asiático mira hacia adelante, pero cuidando sus tradiciones, símbolos y continuidad.
En ese tenor, Mejía pondera cómo destacan detalles como el cuidado a los mayores, las filas para el transporte, el silencio y la limpieza representan la ciudad, “no como obsesión estética, sino como convicción cívica: lo público se respeta porque es de todos”.
La ejecutiva municipal narró que en Tokio sobresale un sistema de gestión de residuos muy eficiente por su separación básica, cumplimiento a los horarios establecidos y un respeto a las normas que no es opcional.
Por otro lado, al referirse a Hiroshima, Carolina entiende que su historia la cuidad sin dramatismo ni exhibición, convirtiéndose en un testimonio de resiliencia ciudadana colectiva.
“Kioto no solo conserva su historia; la vive con dignidad y la proyecta hacia el futuro, ofreciendo una lección poderosa sobre cómo el desarrollo puede sostenerse en identidad, orden y profundo sentido comunitario”, añadió sobre esa ciudad.
A su regreso a República Dominicana, Carolina se pregunta: ¿cómo convertimos el orden en una cultura nacional, y no en una consigna de gobierno?, analizando que en países similares se ha normalizado con demasiada frecuencia la ostentación como indicador de éxito, el despilfarro como símbolo de poder y el ruido como sustituto de resultados.
“La sobriedad no significa perder alegría ni identidad. Significa poner cada cosa en su sitio: celebrar cuando toca, y administrar con responsabilidad siempre. La confianza se construye con previsibilidad: instituciones que cumplen, procesos que funcionan, reglas que se respetan”, puntualizó.




