SANTO DOMINGO.- Cada septiembre, el lazo dorado nos recuerda que el cáncer también afecta a niños y adolescentes. Pero hablar hoy de cáncer infantil no significa únicamente hablar de una enfermedad devastadora: también significa reconocer una de las historias de mayor progreso de la oncología moderna.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente 400,000 niños y adolescentes entre 0 y 19 años desarrollan cáncer cada año. Entre los diagnósticos más frecuentes se encuentran las leucemias, los tumores cerebrales, los linfomas y diferentes tumores sólidos.
Gracias a décadas de investigación, el pronóstico ha cambiado extraordinariamente. En los países de altos ingresos, más del 80 % de los niños con cáncer sobrevive. Sin embargo, en muchos países de ingresos bajos y medianos esta cifra permanece por debajo del 30 %.
Esta enorme diferencia no depende solamente de la enfermedad. El diagnóstico tardío, las dificultades para acceder a especialistas, medicamentos, cirugía y radioterapia, las infecciones y el abandono del tratamiento continúan disminuyendo las posibilidades de curación, afirma la Dra. Jazmín García, Radiooncóloga del Centro de Radioterapia Integral, RADONIC.
Por eso, uno de los grandes desafíos actuales es lograr que el lugar donde nace un niño no determine sus posibilidades de sobrevivir al cáncer, expresa la especialista.
Hoy conocemos mucho mejor la biología y las características moleculares de numerosos tumores. Esto permite clasificarlos con mayor precisión, identificar pacientes de diferente riesgo y, en algunos casos, utilizar terapias dirigidas contra alteraciones específicas del tumor.
La inmunoterapia representa otro de los grandes avances. Las células CAR-T, por ejemplo, han conseguido respuestas extraordinarias en determinados niños con leucemias que habían recaído o no respondían a los tratamientos convencionales.
Pero progreso no siempre significa administrar más tratamiento. También significa reconocer qué pacientes pueden recibir menos tratamiento manteniendo las mismas posibilidades de curación, reduciendo así las secuelas que pueden acompañarlos durante toda su vida.
La radioterapia continúa siendo fundamental en determinados tumores cerebrales, sarcomas, linfomas, neuroblastomas y otros cánceres pediátricos.
Sin embargo, su filosofía ha evolucionado profundamente, cuando irradiamos a un niño no pensamos solamente en controlar el tumor hoy. Pensamos en las décadas de vida que tendrá después del tratamiento, dice García.
En pacientes cuidadosamente seleccionados, la protonterapia puede disminuir todavía más la cantidad de radiación que reciben determinados tejidos normales. Esto resulta especialmente atractivo en pediatría, donde reducir dosis innecesarias puede traducirse en menos consecuencias muchos años después.
Los sobrevivientes de cáncer infantil necesitan seguimiento a largo plazo porque algunos efectos de la quimioterapia, cirugía o radioterapia pueden aparecer años después.
La OMS, mediante su Iniciativa Mundial contra el Cáncer Infantil, se ha propuesto alcanzar al menos un 60 % de supervivencia mundial para 2030. Conseguirlo requerirá no solamente nuevos medicamentos y tecnologías, sino también diagnóstico oportuno, acceso equitativo al tratamiento y sistemas de salud capaces de acompañar al niño y su familia durante todo el proceso.
Detrás de cada porcentaje de supervivencia existe mucho más que una estadística: existen cumpleaños, escuelas, familias, sueños y décadas enteras de vida por delante. El verdadero éxito será que cada vez más niños puedan decir algún día: tuve cáncer, fui curado y pude continuar siendo simplemente un niño.




