CARACAS, VENEZUELA.-A trece días de haberse registrado el doble terremoto que sacudió a Venezuela el miércoles 24 de junio, ese país suramericano mantiene ininterrumpidas las labores de búsqueda, rescate y localización de víctimas.
Al extender las tareas de salvamento más allá de los lapsos habituales del protocolo internacional, el Estado ratifica su determinación de sostener el despliegue mientras exista la mínima posibilidad de hallar vidas bajo las estructuras colapsadas.
Los parámetros contemplados en los manuales internacionales suelen sugerir la suspensión de las operaciones de rescate en un lapso que oscila entre los 5 y 7 días posteriores a un siniestro. Dicho margen responde al cierre estimado de la denominada ”ventana biológica”, la cual evalúa científicamente las probabilidades de sobrevivencia de personas atrapadas que no disponen de agua ni alimentos.
A nivel internacional, el marco normativo público de las Naciones Unidas, regulado por las Guías del Grupo Asesor Internacional de Operaciones de Búsqueda y Rescate (INSARAG, por sus siglas en inglés) y respaldado por la Resolución 57/150 de la Asamblea General, aclara que el organismo multilateral no es el encargado de decretar el fin de la búsqueda, sino que proporciona los criterios técnicos, médicos y logísticos para que el Gobierno local tome la decisión.
El pasado 2 de julio, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, aseguró que el Estado no ha finalizado las labores de búsqueda y rescate porque ”hay una madre que llora, hay un padre que llora, una hermana, una abuela, un abuelo o un tío que sufre por ese familiar, y nosotros no vamos a descansar”, puntualizó.
En esta misma línea, Rodríguez agregó que existe ”un equipo especializado para determinar si hay personas con vida en un determinado lugar o si hay cadáveres que debamos rescatar antes de iniciar cualquier otro proceso de infraestructura”.
Al despliegue del Gobierno nacional y al apoyo internacional, se suma la solidaridad de los voluntarios y de cada ciudadano que apoya en el terreno. Son aquellos que envían o se acercan directamente a brindar a los rescatistas una arepa, un pan o una comida caliente para reconfortar sus cuerpos, un gesto propio de la hermandad del pueblo venezolano.




