SANTO DOMINGO.-El docente Edorgers Junior Mercedes, autor de la narrativa “Silencios que hablan: lo que no decimos en clase sobre las mujeres”, presentada en el marco de la Maestría en Género y Políticas de Igualdad en Educación, coordinada por el Centro de Estudios de Género (CEG), del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), advirtió sobre la poca inclusión de mujeres brillantes en el currículo escolar dominicano, perpetuando así la idea, de que las mujeres no han aportado al conocimiento universal.
“Los silencios en el currículo no son neutrales. Al omitir a mujeres escritoras y científicas, estamos educando en una visión incompleta, que dice más con lo que calla que con lo que dice. Esos silencios perpetúan la idea de que las mujeres no han aportado al conocimiento, cuando la historia real demuestra lo contrario”, afirmó Mercedes.
El destacado docente entiende que, siendo el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, fecha escogida para reivindicar la igualdad de derechos, la lucha contra la violencia de género y la partición de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad es oportuno reflexionar ante esta realidad.
“Autoras como Mary Shelley, considerada la madre de la ciencia ficción con su obra “Frankenstein”, Toni Morrison, escritora afroamericana y premio Nobel de Literatura y Virginia Woolf, precursora del feminismo moderno, entre otras mujeres brillantes, no solo escribieron, transformaron el pensamiento. Sin embargo, muchas de ellas han sido relegadas en los programas escolares o tratadas como “excepciones”, en un mundo literario dominado por hombres”, detalló el docente.
Edorgers también alertó que el silencio también ha pesado sobre las mujeres en la ciencia, área donde numerosas científicas han permanecido en las sombras de los premios y los laboratorios.
“Le propuse a mis estudiantes una dinámica: que nombraran científicas famosas. El resultado fue alarmante: casi nadie pudo mencionar más de una”, lamentó el educador, quien posee un Máster en dirección, gestión y administración de centros educativos, de la Universidad Tech Mexico y un diplomado en integración de las familias al proceso educativo de EDUCA y el Ministerio de Educación (MINERD), entre otros.
“Entonces -continuó explicando- les hablé de Marie Curie, la única persona en la historia que ha ganado dos premios Nobel en dos campos distintos (Física y Química); Rosalind Franklin, cuya fotografía del ADN permitió a Watson y Crick desarrollar su modelo, aunque rara vez se le reconoce; Katherine Johnson, matemática afroamericana que calculó las trayectorias de los vuelos espaciales de la NASA, en una época donde ser mujer y negra era doblemente invisibilizante y Ada Lovelace, considerada la primera programadora de computadoras, en el siglo XIX”.
Mercedes explicó que, aunque muchas veces los materiales didácticos ya vienen sesgados, “como educadores, tenemos la responsabilidad de cuestionar el silencio y dar voz a lo que no se dice”.
Una forma transversal de educar.
En ese mismo orden, el educador explicó que el enfoque de género no debe tratarse como un tema más, sino como una forma transversal de educar, que transforma tanto lo que enseñamos como la manera en que lo enseñamos; por igual, es también un llamado a la responsabilidad pedagógica y ética de formar estudiantes críticos, empáticos y comprometidos con una sociedad más equitativa.
“Como maestro, mi compromiso es no permitir que mis estudiantes salgan de mis clases creyendo que la historia la hicieron solo los hombres. Porque ellas también pensaron, escribieron, crearon y transformaron el mundo y es nuestro deber hacer que sus nombres se escuchen alto, claro y sin miedo”, externó.
De igual manera, Mercedes advirtió que es fundamental en las prácticas docentes, evitar reproducir estereotipos de género que limitan las aspiraciones, habilidades y roles que cada estudiante puede asumir.
“Cuando asignamos tareas, elegimos ejemplos o hablamos de profesiones, debemos hacerlo desde una perspectiva inclusiva, reconociendo que tanto mujeres como hombres pueden ser científicos, líderes, escritores, cuidadores o creadores”, afirmó.
Por último, Mercedes explicó que su narrativa, más que una metáfora educativa, es una alerta, una advertencia sobre cómo la omisión también educa; pero que también es una oportunidad de reconstruir el conocimiento con justicia, reconociendo el lugar de todas las personas que lo han construido.
“Es importante integrar a figuras femeninas en cada unidad. No como “relleno”, sino como parte esencial del relato. Porque cuando las niñas ven que otras mujeres han sido pioneras, se sienten autorizadas a imaginarse también como autoras, científicas y creadoras”, finalizó.




