ESPAÑA.-El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha hecho este miércoles una declaración institucional desde Moncloa, sin periodistas ni opcón a preguntas, sobre la posición de España en el conflicto de Oriente Medio. Sánchez ha asegurado que la postura de su Ejecutivo frente al conflicto bélico se resume «en cuatro palabras» con un «No a la guerra», el lema que se popularizó con la guerra de Irak del 2003.
Se ha referido en concreto a aquel conflicto «que en teoría se dijo entonces se hacía para eliminar las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein, llevar la democracia y garantizar la seguridad global» pero que, ha advertido, «produjo el efecto contrario», con más inseguridad, terrorismo y efectos en la economía global.
Sánchez ha asegurado que España no será «cómplice solo por miedo a la represalias», en referencia a la amenaza de Donald Trump de cortar relaciones comerciales con nuestro país por la postura que el Gobierno mantiene en relación al conflicto: «Tenemos que exigir toda la resolución a EE.UU., Irán e Israel para que paren antes de que sea demasiado tarde. No se puede responder a una ilegalidad con otra porque así empiezan los grandes desastres de la humanidad». El presidente también ha querido rechazar expresamente el régimen iraní: «Nadie está a favor de los ayatolás, la pregunta es si estamos a favor de la legalidad internacional y de la paz. La población española siempre repudió la dictadura de Sadam Hussein en Irak, pero no apoyó la guerra (…) Repudiamos el régimen de Irán pero al mismo tiempo rechazamos este conflicto».
Además, Sánchez ha advertido que España debe prepararse «ante la posibilidad de que sea una guerra larga, con numerosas bajas y por tanto con consecuencias graves a nivel mundial también en términos económicos». El Gobierno está «estudiando medidas para mitigar las consecuencias económicas que puede tener el conflicto. España cuenta con los recursos necesarios para hacer frente a esta crisis», ha asegurado. «Tenemos la capacidad, también la voluntad política y lo haremos de la mano de los agentes sociales como lo hicimos durante la pandemia, la crisis energética o recientemente durante la crisis arancelaria», ha recalcado Sánchez.
El núcleo del discurso ha sido la vindicación histórica de la postura española. Sánchez ha recordado que «hace 23 años, otra administración estadounidense nos arrastró a una guerra en Oriente Medio» que produjo, a su juicio, «el efecto contrario» al prometido: más terrorismo yihadista, una grave crisis migratoria y una escalada de los precios de la energía. «Ese fue el regalo del trío de las Azores a los europeos de entonces: un mundo más inseguro y una vida peor», ha dicho. Y ha citado al canciller alemán de 1914 -que respondió con un «ojalá lo supiera» a la pregunta de cómo había comenzado la Primera Guerra Mundia- para alertar del peligro de las «concatenaciones de respuestas que se van de las manos por errores de cálculo».
Evacuación de los españoles en la zona
Sánchez ha explicado que el servicio exterior y el Ejército «están trabajando día y noche» para poner en marcha dispositivos de evacuación para poder repatriar a los ciudadanos españoles que quieran hacerlo. Ha señalado que se trata de operaciones «muy delicadas» porque el espacio aéreo de la región no es seguro y porque la red aeroportuaria en la zona «está gravemente afectada» por los ataques, pero ya se está asistiendo a nuestros nacionales y se les va a ayudar a regresar, según ha dicho el presidente. En la región se encuentran unos 30.000 españoles, entre residentes, turistas y personas que se habían desplazado por motivos laborales y ya ayer regresó a España un primer grupo de ciudadanos y otros están saliendo de la zona por otras vías.
Sánchez no ha hecho mención expresa a ello, pero su comparecencia llega un día después de que Trump arremetiera duramente contra España por su negativa a autorizar el uso de las bases militares conjuntas de Rota y Morón, lo que obligó al Pentágono a trasladar sus aviones cisterna a otras bases europeas. Trump tildó a España de aliado «terrible» y amenazó con con imponer embargos y aranceles adicionales. Lo hizo durante su reunión en el Despacho Oval con el canciller alemán, Friedrich Merz, quien lejos de defender a un socio europeo secundó la crítica. En La Moncloa ya tenían asumido que la reacción de Trump era cuestión de tiempo, y el Gobierno respondió a través de un comunicado con un mensaje deliberado de calma. Fuentes de Moncloa señalaron que cualquier revisión de la relación comercial deberá respetar la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y Estados Unidos.




