SANTO DOMINGO.-La cultura y la política no son mundos separados: se influencian, se alimentan y construyen ciudadanía. Esta semana nos dejó ejemplos claros de cómo la música y las expresiones culturales no solo entretienen, sino que reflejan nuestra identidad, desafían nuestra percepción y generan debate sobre quiénes somos como sociedad.
Recordamos al maestro Willy Colón, cuya música nos enseñó que cada nota puede contar historias que trascienden tiempo y fronteras. Su legado es prueba de que la cultura es memoria colectiva y un puente de orgullo y cohesión social. Al mismo tiempo, la exitosa presentación de Juan Luis Guerra en la segunda ciudad más importante de nuestro país nos recuerda que la excelencia artística proyecta la identidad dominicana al mundo, y que cada interpretación puede ser un acto de diplomacia cultural.
Pero la cultura viva también provoca debate. La intérprete urbana Tokisha, al convertirse en tendencia por su presentación en Premios Lo Nuestro, nos confronta con preguntas sobre representación y diversidad. Más allá de la polémica por un atuendo, debemos reflexionar: la riqueza de nuestra cultura reside en su pluralidad y creatividad. Como sociedad, podemos celebrar la innovación artística sin perder respeto ni diálogo, y al mismo tiempo cuestionarnos cómo queremos que se represente nuestra identidad cultural.
Este fin de semana, la Alcaldía del Distrito Nacional nos invita a participar en su tradicional Desfile de Carnaval, un evento que combina expresión popular, creatividad y alegría colectiva. Aquí vemos cómo la ciudadanía puede interactuar con la cultura de manera tangible: no solo como espectadores, sino como actores de nuestra identidad. Participar en estos espacios fortalece la cohesión social y nos recuerda que la cultura es tanto de quienes la crean como de quienes la viven.
En un país como la República Dominicana, donde la política y los medios a menudo polarizan, la cultura puede ser un puente. Es un terreno donde la creatividad, la memoria y la ciudadanía se encuentran, y donde líderes, artistas y ciudadanos pueden dialogar sin división. Por eso, cada iniciativa cultural, cada evento, cada nota musical que compartimos tiene un impacto más profundo: moldea la manera en que nos vemos a nosotros mismos y cómo proyectamos nuestro país al mundo.
La pregunta que debemos hacernos no es solo qué escuchamos o vemos, sino cómo nuestra cultura nos une y nos permite construir ciudadanía. Celebrar la diversidad, valorar la excelencia y participar activamente en la vida cultural son actos que trascienden la música y los escenarios: son actos de construcción social. Y ahí es donde, como ciudadanos, debemos ser protagonistas.
Porque al final, la cultura no es solo entretenimiento: es puente. Puente entre ciudadanos, entre generaciones y entre nuestras aspiraciones y nuestra realidad.
Roberto Monclus




