EL SALVADOR.- La justicia de El Salvador condenó a Edwin Oswaldo Ortiz a 298 años de prisión por estafa agravada, luego de que la Fiscalía General de la República (FGR) apeló una sentencia previa.
El caso, resuelto en San Salvador tras una revisión judicial, involucró al menos 56 víctimas. Ortiz fundó una supuesta compañía cuya actividad principal consistía en la importación de automóviles de segunda mano. La empresa se presentaba ante las autoridades y posibles clientes como una firma legítima dedicada al comercio de vehículos usados provenientes del extranjero. Sin embargo, su verdadero objetivo era encubrir operaciones ilícitas y engañar tanto a entidades regulatorias como a particulares interesados en adquirir estos automóviles.
El proceso judicial contra Ortiz inició en marzo de 2025, cuando el Tribunal Cuarto de Sentencia de San Salvador evaluó pruebas presentadas por la fiscalía salvadoreña, las cuales incluían testimonios de afectados, registros bancarios y comunicaciones electrónicas.
Aunque el tribunal sentenció inicialmente ocho años de prisión, la decisión resultó insuficiente para las víctimas y la FGR. Por ende, la fiscalía argumentó, un recurso presentado en noviembre de 2025 ante la Cámara Primera de lo Penal, que la pena debía reflejar el daño multiplicado y la reiteración del delito. La apelación prosperó y la condena se incrementó a un total de 298 años.
El aumento de los fraudes digitales en El Salvador se ha vinculado con la proliferación del comercio electrónico y la digitalización de servicios, factores que han facilitado el surgimiento de esquemas fraudulentos a través de internet y redes sociales.
Las autoridades han identificado que los estafadores aprovechan la falta de regulación específica en ciertas plataformas digitales y la limitada información con la que cuentan los usuarios sobre mecanismos de seguridad en línea. Muchos de estos fraudes se presentan bajo la apariencia de empresas legítimas, anuncios atractivos o supuestas oportunidades de inversión, lo que dificulta a las personas distinguir entre ofertas reales y engaños.
En la operación se documentó que los anticipos entregados oscilaron entre $1,500 y $5,000 dólares, sumando un perjuicio económico que afectó a numerosas familias salvadoreñas.
La FGR recibió la resolución como un acto de justicia, enfatizando el mensaje contra la impunidad en delitos financieros.
El caso de Ortiz se convirtió en referente nacional y abrió un debate sobre la proporcionalidad de las penas acumuladas dentro del sistema judicial salvadoreño.
Aunque la ley establece límites prácticos para la ejecución de sentencias tan extensas, especialistas en derecho penal consideran que fallos como este subrayan la demanda social de sanciones ejemplares y mecanismos efectivos de reparación a los perjudicados.
Mientras la FGR mantuvo abiertas indagaciones para identificar posibles cómplices en el esquema delictivo, organizaciones de consumidores intensifican las advertencias sobre la importancia de verificar antecedentes comerciales y evitar el pago de anticipos sin garantías formales.
La Ley Especial Contra los Delitos Informáticos y Conexos fue reformada en 2025 para endurecer penas y sancionar el uso indebido de datos personales y el desarrollo de instrucciones fraudulentas en sistemas informáticos, con castigos de hasta 10 años de prisión.
Los especialistas advierten que la velocidad de las transacciones digitales y la posibilidad de anonimato para los responsables complican la recuperación de fondos y la identificación de los autores.
Ante este escenario, expertos en ciberseguridad insisten en la necesidad de fortalecer campañas de educación digital, promover el uso de canales de pago seguros y exigir mayor transparencia a las plataformas tecnológicas y redes sociales donde se publicitan estos servicios.



